Todos sabemos que el arte de cocinar puede despertar la creatividad en cualquier persona, independientemente de su edad, de si es hombre o mujer. La comida es un placer que apela a la combinación de nuestros sentidos, y la preparación de los alimentos supone, en muchas ocasiones, una forma de dar rienda suelta a la búsqueda de nuevas sensaciones. Si la cocina en sí es un arte vivo, cambiante, ¿por qué no otorgar esa misma frescura al recinto en que la llevamos a cabo?
La habitación donde preparamos los más exquisitos manjares o los experimentos más extraños es un lugar que se presta a la imaginación. Los accesorios decorativos que podemos encontrar responden a los más variados estilos. Sin embargo, para que nuestra cocina guarde una mínima coherencia debemos tener en cuenta algunas breves premisas a la hora de “vestirla”:
-Siempre debemos reservar un lugar para los utensilios prácticos. No hay que perderse en el deseo de conseguir un rincón visualmente atractivo; siempre debemos tener presente su auténtico cometido y no sacrificar su funcionalidad.
-No pienses que debes adquirir los objetos más inusuales que veas en las tiendas para que tu cocina tenga un toque distintivo. En ocasiones, tenemos a mano todo lo que necesitamos para crear nuestro propio estilo decorativo; lo complicado es darse cuenta. Los frascos, los platos, los cubiertos, las estanterías… todo puede servir de inspiración.
En resumen, piensa siempre cómo aprovechar los elementos de los que dispones, en relación con el espacio, para crear tu propio estilo. Resultará, sin duda alguna, mucho más gratificante que seguir al pie de la letra las fotos de un catálogo.

